CAPÍTULO 6 - PESADILLAS

Todo estaba en llamas a su alrededor. Soldados humanos y semihumanos, se enfrentaban en una lucha encarnizada, entre sus manos, había una espada y un joven semihumano, implorando que lo dejase con vida. Alzó el arma y degolló, notando como la sangre le mojaba todo el cuerpo. 

 
Buta se despertó sobresaltado. Estaba sudado y jadeaba asustado. Miró hacia todas partes. Se tocó así mismo, hasta que se dio cuenta de que había sido una pesadilla. Tragó saliva y notó su garganta seca. Miró a su alrededor y solo encontró bosque. Poco a poco comenzó a recordar. Se había parado en aquel lugar para pasar la noche. Vio que había un charco de agua cerca de él, se arrastró a este y de él, bebió un poco. Cuando alzó su rostro, vio el reflejo de su imagen. Vio su oreja cortada. Suspiró y se puso de pie, con la idea de orientarse, para saber por dónde había venido en el día anterior, sin embargo, todos los caminos eran iguales. Sus tripas rugieron. Suspiró y estiró su cuerpo, hasta que escuchó un aleteo sobrevolar por encima de él. Atento a la posible amenaza, se puso en guardia y miró hacia todas partes. Cuando giró, se encontró con Komori de cara, haciendo que se asustara y cayera sobre sus posaderas:
 
    -Un poco más y creas un deslizamiento de la tierra -murmuró el murciélago mientras volaba- 
 
      -¡Maldito pajarraco! -gritó Buta-
 
      -Perdona, no pongo huevos -replicó Komori- aunque si pudiera, tampoco los podría poner.
 
El cerdo semihumano se alzó del suelo, sacuandiendose la tierra y preguntando por qué lo había seguido, pero Komori aseguró que había sido simple casualidad, ya que tenía que hacer unos recados para el viejo Esben. Buta recordó las palabras del tabernero y se llevó la mano a su barriga. Komori comenzó a reírse y dijo que sabía que se le estaba pasando por la cabeza, que solo tenía que seguirlo.
 
Komori no paraba de revolotear por el cielo, entre una aldea abandonada por la guerra, cuando de repente, el animal cayó en picado y ordenó a Buta que se escondiese. Este le hizo caso, adentrándose en una casa que no tenía tejado. Los dos se quedaron en silencio, mientras escuchaban los pasos viscosos del enemigo. Hablaban en su propia lengua, los reptiles tenían esa ventaja. Se pararon delante de la casa dónde se encontraban, ambos podían observar los cuerpos verdosos recubiertos de armadura, desde los huecos de la puerta destrozada. Una de ellas volteó su cabeza y se puso a olisquear. Buta se sorprendió y miró a Komori, se preguntaba como es que podían oler:
 
     -¿A mí me preguntas? -murmuró el murciélago encima de su hombro- ¿Te has duchado en días?
 
       -No -dijo Buta tragando saliva- demasiado barro durante estos días.
 
          -¡Un poco de higiene no viene mal! -refunfuñó-
 
La rana los escuchó y desvió su rostro hacia el interior de la casa. Komori emprendió el vuelo y se escapó por el tejado ausente, dejando a solas a Buta. La rana pateó la puerta y acabó con lo poco que quedaba con ella, desenvainó la espada y la apuntó hacia Buta, mientras sonreía diciendo algo que no podía entender el cerdo. Este miró hacia todas partes y recogió un madero, para tener algo con lo que defenderse. Otra amenaza entró en el interior y Buta supo que aquel podría ser su final.