CAPÍTULO 12 - JUNTOS

Iguru soltó el sacó que arrastraba. Estaba cansado y malherido. Buta se acercó y tomó la bolsa con los objetos robados y siguió caminando. El águila tomó aire y retomó el camino. Buta miró a Mao, que estaba absorta en sus pensamientos:

    -¿No tenéis algo que explicarme? -preguntó Buta- ¿Por qué huyeron todas?

    -Es una duda que también me estaba planeado -aseguró Iguru adolorido- ¿Cómo es que también estabais allí?

Mao miró de reojo y aseguró que a ella solo le importaba una cosa. Le dedicó una mirada a Buta y este no la mantuvo. Komori, enfadado, replicó que no era momento de preguntas, a sabiendas de que Esben había muerto y que ni siquiera habían recogido el cadáver:

     -¿Crees que estamos en condiciones de llevar más cosas? -preguntó Mao cargada con dos bolsas- y cerdo, no me evites.

     -No tengo el sello del rey -respondió Buta- lo vendí para poder sobrevivir.

Mao gritó de frustración e Iguru, extrañado, quiso saber por qué de repente necesitaba aquello. Komori leyó la situación y lo explicó:

     -Hay humanos que no son imbéciles -dijo- 

     -¿Cómo sabes a lo que me refiero? -preguntó Mao- 

Komori enmudeció y Buta quiso saber si había cerca algún lugar para poder resguardarse de la noche. El murciélago tomó altura y les pidió que no dejasen de caminar:

      -¿Y por qué no paramos un poco? -preguntó Iguru- siento que por la espalda se me está yendo el alma.

      -No puedo quedarme cerca de Buta -explicó Mao- si me ven con Buta, estaremos en un apuro. 

      -Solo tienes que marcharte -dijo el cerdo- 

Mao dejó las cosas en el suelo, sonrió en un tono vacilón y le aseguró que estaba en esa situación por su culpa. Buta se señaló asimismo y enfadado, dijo:

      -Si te encontrases un trabajo más normal que ese, no vivirías con el miedo de ser asesinada por los humanos -constató Buta- querías matarme para una recompensa ¿Qué culpa tengo yo?

      -¿Podéis dejar de discutir? -pidió Iguru- me duele la cabeza y no estoy para tonterías.

     -¡Cállate! -gritaron a la vez- ¡No entiendes la situación!

Iguru alzó sus alas, pidiendo clemencia. Komori volvió y manteniendo el vuelo entre ellos, aseguró que había una caseta vacía, pero no aseguraba que estuviera deshabitada. 

Iguru se pasaba una venda alrededor de su abdomen, evitando que sus alas quedaran atrapadas por ella. Komori se había agenciado un montocito de paja y dormía encima de un taburete. Mao se había quedado dormida, apoyada en la pared y Buta seguía dandole vueltas a lo sucedido. Iguru terminó de curarse, dejó las cosas en las bolsas de los objetos borrados y tomó una cantimplora. Se acercó y se la dio a Buta. Le pegó un sorbo y acto seguido, lo expulsó todo, mojando toda la venda, tintandola de un color rosado. El olor de vino, hizo que Mao se despertase:

     -¿En serio que estáis bebiendo? -grito enfadada- ¡Hay gente que quiere dormir!

     -¡Eso, hay gente que quiere dormir! -dijo Komori medio dormido- ¡Por qué gritas!

Mao bufó y se levantó para dirigirse a un montón de paja, se encogió en ella e intentó volver a dormir. Iguru sacudió sus manos, quitando el liquido sobrante y juzgó a Buta con la mirada. Un chasquido de ramas se escuchó a las afueras. No había arboles cercanos, así que Buta se puso en alerta para mirar tras la ventana.